7 de septiembre de 2009

El Hombre

El hombre se hace o se deshace a sí mismo; en la armería del pensamiento forja las armas con las cuales se autodestruye; también forja las herramientas con las cuales construye para sí mansiones celestiales de gozo, fortaleza y paz.
La mente podría compararse con un jardín que puede ser cultivado inteligentemente o abandonado a su suerte; pero tanto si es cultivado como si es abandonado, dará frutos.
Cada hombre está donde está por la ley de su ser; los pensamientos que ha construido en su carácter lo han llevado hasta ahí, y en el estado de su vida no hay ningún elemento del azar, sino que todo es el resultado de una ley que no falla.
El hombre es golpeado por las circunstancias mientras continúa creyendo que es una víctima de las circunstancias externas, pero cuando se da cuenta de que es un poder creador, y que puede dirigir a las escondidas semillas de su ser, de las cuales surgen las experiencias, se convierte entonces en amo y señor de sí mismo.
Cada semilla de pensamiento plantada o que se deja caer en la mente y echar raíces allí, produce lo suyo, floreciendo tarde o temprano en un acto y dando su propio fruto de oportunidad y circunstancia.
Los buenos pensamientos dan buenos frutos, los malos pensamientos dan malos frutos.
El hombre se pone las esposas a sí mismo: el pensamiento y la acción son los carceleros del Destino -encarcelan, al ser bajos-; y son también ángeles de libertad -liberan a ser nobles-.
Los buenos pensamientos y acciones nunca pueden producir malos resultados; los malos pensamientos y acciones nunca pueden producir buenos resultados.
El sufrimiento es siempre el resultado del pensamiento equivocado en alguna dirección. Es un indicativo de que el individuo no está en armonía consigo mismo, con la ley de su ser.
Los hombres creen que los pensamientos se pueden mantener en secreto pero no es así, se cristalizan rápidamente en el hábito, y el hábito se solidifica en las circunstancias.
El pensamiento es la fuente de la acción, la vida y la manifestación; haz que la fuente sea pura y todo será puro.
Hasta que no se unen pensamiento y propósito no hay logro inteligente.
No tener un objetivo es un vicio, y este derivar no debe continuar para aquel que quiere estar libre de la catástrofe y la destrucción.
Así como el hombre físicamente débil puede hacerse fuerte mediante un entrenamiento cuidadoso y paciente, así también puede el hombre de pensamientos débiles hacerlos fuertes ejercitándose en el pensamiento correcto.
Todo lo que el hombre consigue y todo lo que deja de conseguir es el resultado directo de sus propios pensamientos.
Aquel que ha conquistado a la debilidad y ha hecho a un lado los pensamientos egoístas, no es ni opresor ni oprimido. Es libre.
Un hombre solo puede elevarse, conquistar y lograr el éxito, elevando sus pensamientos. Sólo puede permanecer débil, abyecto y desdichado si se niega a elevar sus pensamientos.
La visión que glorificas en tu mente, el ideal que entronas en tu corazón, con esto construirás tu vida, en esto te convertirás.

1 comentario:

alexandra dijo...

Hola!
estoy muy de acuerdo con todo lo que dice, cada quien forma su propio destino,y sobre todo cada quien decide que frutos dar.
Me parece muy padre que se de un tiempo para escribir.

Saludos.