18 de febrero de 2016

Y LLEGARON LAS COSECHADORAS

Cuando llegaron las primeras cosechadoras fue una pequeña revolución, pues esta máquina evitaba realizar una serie de tareas como la siega, acarreo, trilla... Las primeras eran arrastradas por tractores y después las autopropulsadas.
Mi padre compró una Jubus . Recuerdo a mis padres cosechando en la Gaigosa en días de agosto. La máquina no tenía tolva, el grano caía a unos sacos que iban al lado de donde caía la paja y los días que hacía un poquito de viento el tamo y la paja te venía a la cara y resultaba muy molesto. Mi madre se tapaba con pañuelo y sombrero para intentar evitarlo. Cuando se cosechaba cebada el picor era insoportable, sobre todo en los pliegues de la piel, párpados, brazo, piernas... Los sacos a medida que se llenaban se ataban y se tiraban al campo. Luego había que recogerlos, cargarlos en el remolque y llevarlos a casa por la tarde. Aquí no acababan los trabajos pues se echaban en lo alto de los montones de trigo a los que había que subir por tablones con el saco cargado a las espaldas.
Se dejaba de cosechar cuando por la noche con el refrescor la mies se revenía y ya no se trillaba bien.
Estar tumbado en el remolque viendo las estrellas en verano en Monteagudo es inolvidable. Debido a la falta de contaminación tanto lumínica como de humos y a la sequedad del clima sigue siendo magnífica.
Luego compró una IASA similar a la de la imagen. Era mas moderna con un corte mayor y tenía tolva, por lo que el grano ya no se llenaba en sacos sino que se descargaba a granel en un remolque. Debido a su coste la adquirieron entre varios agricultores y cuando terminaban en Monteagudo iban a cosechar a los pueblos de Soria cercanos como Ontalvilla y Taroda.
Recuerdo las codornices salir volando delante del corte, los conejos que corríamos por el restrojo y que alguna vez cogíamos alguno, el tamo que se depositaba en tu cuerpo y que luego picaba muchísimo, el olor del gasóleo cuando llenábamos el depósito con una goma a la que había que aspirar para hacer el vacío, el olor de la grasa, todas las mañanas había que engrasar todos los rodamientos y eran muchísimos y las comidas a la sombra de los remolques, tortilla, lomo, costillas, chorizo y fruta. Yo comencé a hacerme gazpachos fresquitos que me encantaban.
Cuando la sociedad se deshizo mi padre tuvo una Claison que más o menos era similar , un poco mas grande y a la que recuerdo cambiarle la cadena del tragamies, la caja de cambios y por supuesto numerosas correas. Estos pequeños o grandes arreglos los hacíamos en el campo con calor, polvo y herramientas básicas.
Otro de los problemas eran los tractores que tenían poca potencia y arrastraban remolques muy cargados por lo que a veces se cambiaba el giro del motor echando el humo por el aspirador del aire y poniéndose marcha atrás. A mi padre le pasó en la cuesta del Salto de la Peña.

Hoy las cosechadoras son muchísimo mas grandes, con aire acondicionado, música, poco ruido y mucha autonomía aunque en el fondo la revolución la realizaron aquellas de los años 70.

6 comentarios:

Anónimo dijo...

que bonito el escrito,me encanta que continues con el blog.

Anónimo dijo...

hola soy Satur me ha gustado mucho el articulo, me alegros que sigas los pasos de tu madre a la que hace años que seguia,, una gran mujer

Timoteo dijo...

Hola. Soy Timoteo hijo.
De la casilla de la ermita.
Cuanto me acuerdo de la Sra.Feli ,de la fuente y de la visita obligada de la gente a la ermita los domingos
Felicidades por el blog

Timoteo dijo...

Aun recuerdo en verano me iva a segar con el Goito y me dejaban subir a la segadora
Qué tiempos. Han pasado más de 50 años

Tomas Pinilla dijo...

Hola Timoteo. Soy Goyo, aunque en realidad me llamo Tomás. Todavía me acuerdo cuando fuiste a ayudar a mis padres a segar y la anecdota que contaba mi madre del calor que hacía. Me acuerdo con cariño mucho de todos vosotros, los belenes de tus padres, las charlas con tu padre cuando ibamos o veníamos del pantano y tantas cosas. Me alegro que sigas el blog de mi madre y un fuerte abrazo.

Pascual Bravo Gil dijo...

Me has llevado con facilidad a esa época tan bonita de nuestra infancia-adolescencia cuando veníamos de la SAFA de Sigüenza de vacaciones de verano a nuestros pueblos.. Me ha gustado Tomás. Un saludo