¿Qué le ha pasado al bolsillo de tu pantalón? Está roto, decía mi madre al recoger los pantalones del tendedero cuando yo era un muchacho. Un balbuceo surgió tímidamente de mi boca sin decir nada en concreto e intentar hacerme el distraído. Lo que realmente había pasado es que un mechero de mecha me lo había guardado sin estar apagado, por ser sorprendido al encender un cigarro y cuando me di cuenta era por el calor que producía este al entrar en contacto con la piel, a lo que siguió un palmoteo y hacer el agujero mayor para que no se notase que era quemado.
Al ver este mechero en el traje de este muñeco que hizo mi madre para el museo me he acordado de las peripecias que nos pasaron de niños con los cigarros.

Luego adquiríamos los primeros rubios, el Bisonte que era muy fuerte y tenía estacas en los cigarros enormes, el Paxton que era mentolado, el LM...
Fumar lo teníamos prohibido, no por salud sino por respeto, si te pillaban te podías llevar un azote o un castigo. También escondíamos los paquetes antes de ir a casa. Una vez lo escondí detrás de un poste entre la hierva y se lo encontró mi padre, Por eliminación supuso de quien era.
También nos metíamos por la casa del tío Careto a jugar a las cartas y echarnos los primeros cigarros, ya que echar humo por la boca o la nariz era señal que eras adolescente.
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