Estaba muy acostumbrado a verlos revolotear por la mañana por las aceras picoteando algún trocito de pan que algún niño había tirado al suelo, o persiguiendose los machos en primavera buscando pareja, hasta había localizado uno que tenía las plumas de las alas blancas y que solía estar por la mañana cuando sacaba a mi perro Cañamón a pasear antes de ir al trabajo.
Al consultar el hecho en internet me he dado cuenta que no es un problema local, sino que está pasando en toda Europa y que puede haber muchas causas ambientales como disminución de lugares donde anidar, mayor número de urracas, cotorras, piensos de control de palomas... Pero al ir al pueblo observo que está pasando lo mismo. Ya no están aquellas bandadas de gorriones que entraban a los gallineros o a los corrales de las ovejas. Aquellos que dormían en las bardas y que cogíamos con una linterna. Aquellos que cazábamos con cepos sobre todo los días de nieve. Ahora están protegidos y sin embargo desaparecen lo mimo que ranas, cangrejos, tasugos (tejones), cardelinas, sisones, avutardas, peces...
Finalmente no puedo olvidar a un maestro italiano, Mario Lodi, que utilizo en sus clases la observación de la vida de un gorrión al que llamaron Cipi y que luego escribió un libro precioso "CIPI" . Utiliza un lenguaje precioso y me pregunto que habrá pasado con el señor de la noche, ¿Habrá mariposas blancas? ¿ La cinta de plata seguirá del mismo color? ¿Será posible que nuestros niños, en unos pocos años, se sorprendan al ver a un gorrión en el parque caminando con sus graciosos saltitos?
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